Guía cultivo

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GUÍA DE CULTIVO: CAPÍTULO III

Reproducción sexual/generativa: Semillas

Como todas las plantas con flores, es posible reproducir a las plantas carnívoras mediante semillas. Este método permite obtener muchas plantas genéticamente distintas y también nuevas variedades e híbridos sin dañar a la planta madre. Además facilita el intercambio con otros aficionados. El inconveniente es que suele ser un proceso más o menos largo que exige una buena dosis de paciencia y experiencia.

Polinización:
Para que las flores produzcan semillas, deben ser polinizadas. En la naturaleza los encargados de polinizar a las flores son normalmente insectos voladores, aunque también hay flores que se auto-polinizan, como las de ciertas especies de Drosera. Por lo general, para que una flor produzcan semillas, debe ser polinizada con polen de una planta de la misma especie, pero genéticamente distinta (no de un clon). En el caso de las plantas cultivadas que no pueden ser polinizadas por insectos, será el dueño el que tendrá que ocuparse de polinizar las flores con un bastoncillo o un pequeño pincel, con el que recogerá el polen de los estambres y lo colocará sobre el estigma de la flor. Esto es sencillo con flores grandes en las que estas partes se encuentran bien diferenciadas, como en las de Sarracenia o Darlingtonia, pero puede resultar un poco complicado si las flores son más pequeñas. La polinización puede repetirse varias veces hasta que sea exitosa. Algunas plantas aceptan ser polinizadas con el polen de otra especie del mismo género, entonces se producen semillas de híbridos, pero se reducirá el índice de germinación. Los híbridos son especialmente frecuentes en los géneros Nepenthes, Sarracenia, Drosera y Pinguicula.

Nota: el caso de Nepenthes es especial, ya que las flores masculinas y las femeninas están sobre plantas distintas, es decir, las plantas masculinas producen flores con polen, y las femeninas, flores con estigmas.

Finalmente las semillas, pre-tratadas o no, se siembran directamente sobre turba rubia húmeda, normalmente sin ser cubiertas por sustrato porque algunas necesitan de la influencia de la luz (Drosera) para germinar. Sólo las más grandes se cubren con 1-2 mm de turba para evitar que se sequen. No habrá que sembrar las semillas demasiado juntas para que no haya competencia por el agua y los nutrientes, y más tarde, por la luz. La turba se aprieta un poco para garantizar el contacto con las semillas y se vaporiza un poco de agua sobre el semillero. Éste se cubre con un poco de celofán transparente (o la tapa del semillero) para garantizar una humedad elevada, y se coloca en un sitio con abundante luz pero sin sol directo. El sustrato siempre debe mantenerse húmedo y la temperatura por encima de 15 ºC para no interrumpir el proceso de germinación. Habrá que acordarse de airear de vez en cuando para prevenir la aparición de moho y hongos, aunque también es buena idea aplicar un fungicida desde el principio. En estas condiciones las semillas tardarán entre 2 semanas y 3 meses en germinar. La mejor época para sembrar es a principios de primavera.

Cosecha:
Si todo ha ido bien, pronto la flor se cerrará y se desarrollará un fruto en el que maduran las semillas. En este momento se puede envolver el fruto en una bolsita transparente para que no se pierdan las semillas. Una vez se hayan secado el fruto y el tallo floral, el tallo se corta y se agita para que las semillas caigan en la bolsita. Si no se ha envuelto previamente el fruto, el tallo se puede golpear suavemente sobre un papel blanco, sobre el que las semillas pequeñas saltarán a la vista enseguida. Esto es útil para semillas muy finas, como las de Drosera o Pinguicula, para las de Sarracenia por ejemplo no hace falta complicarse tanto porque son mucho más manejables. Después de haber cosechado las semillas es conveniente sembrarlas pronto o guardarlas en un lugar fresco y seco. Almacenadas en el frigorífico dentro de pequeñas bolsitas de papel o de tipo Zip pueden mantener su capacidad de germinación durante más de un año (excepción: Nepenthes).

Siembra:
Antes de proceder a la siembra es conveniente aclarar que algunas semillas están bloqueadas de forma que sólo germinan después de haber pasado por una situación que desactive ese bloqueo. Pueden ser:

• Frío: las plantas procedentes de climas templados o fríos sólo germinan una vez transcurrido el invierno. Para que germinen las semillas habrá que tenerlas una temporada (hasta 2 meses) en la nevera, ya sea en su bolsita o sembradas en tiestos. Esto se denomina estratificación y es conveniente llevarla a cabo en las semillas de Sarracenia, Droseras y grasillas nórdicas, Dionaea y Darlingtonia.

• Calor: por otro lado, las plantas que crecen en zonas donde son frecuentes los incendios bloquean sus semillas para que sólo germinen después de un incendio. Desbloquearlas es sencillo: las semillas se siembran y acto seguido se colocará sobre el tiesto un trozo de papel o de cartón que se quemará. También es posible desbloquearlas echando agua caliente (¿ºC) sobre el sustrato. Este tratamiento es necesario para garantizar la germinación de Roridula, Byblis gigantea y algunas especies de Drosera.

• Remojo: en realidad, el remojo no desbloquea las semillas, pero sí facilita la germinación sobre todo de las semillas con una cáscara dura como las de Drosophyllum o Ibicella. Normalmente las semillas se dejan en remojo de 12 a 24 horas. Al agua (destilada) se le puede añadir un poco de ácido giberélico (GA3), una hormona vegetal que estimula la germinación: se mezclan 10 mg de GA3 con 10 ml de agua destilada, se deja reposar 12-24 horas, agitando de vez en cuando. Después se separa en dosis de 1 ml, en las que las semillas estarán otras 24 horas. Tras el procedimiento las semillas no se lavan, simplemente se escurren y se plantan enseguida.

Separación y plantación:
Cuando las plántulas hayan crecido un poco, habrá que ir acostumbrándolas a una humedad ambiental más baja, ampliando el tiempo de ventilación y quitando el celofán poco a poco. Durante las primeras semanas las plántulas son muy sensibles, por eso este proceso no debe llevarse a cabo de golpe, sino progresivamente. Cuando las plántulas se hayan hecho más fuertes, hayan desarrolladas unas raíces decentes y empiece a escasear el espacio en el semillero, habrá que desenterrar cada plántula por separado con un poco de turba envolviendo el cepellón, y plantarlas con mucho cuidado en sus macetas definitivas. Algunas plantas tienen raíces tan sensibles que habrá que sembrarlas directamente en sus macetas definitivas porque un transplante sería demasiado arriesgado (Drosophyllum, Droseras pigmeas…).
Una vez separadas y plantadas, habrá que ir acostumbrando a las plantas a sus condiciones definitivas, como siempre con cuidado y de forma progresiva.