Guía general

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GUÍA GENERAL: CAPÍTULO III Historia y descubrimientos
Las plantas carnívoras se encuentran distribuidas sobre gran parte del mundo y muchas se conocen desde antaño. Las primeras referencias sobre especies europeas datan de la Baja Edad Media. En la Europa medieval ya se usaban las Droseras como hierbas curativas y las grasillas para cuajar leche. Posteriormente se descubrieron y describieron los géneros Sarracenia (1570) y Nepenthes (1658).

Eso sí, se daba por supuesto que las plantas eran incapaces de digerir animales, ya que aquello no encajaba en absoluto en la mentalidad cristiana de la época. Aunque había ciertas sospechas de que las plantas consumían las presas que accidentalmente capturaban, aquello era considerado imposible, ya que según el Génesis los vegetales deben servir de alimento a los animales, ¡nunca al revés!

Las cosas cambiaron con el descubrimiento de la Venus Atrapamoscas (Dionaea muscipula), en la que el carnivorismo vegetal se hace de lo más evidente. Después de su descripción por John Ellis (1770), el padre de la botánica moderna, Linneo (Carl von Linné), sentenció que el carnivorismo en plantas iba en contra del orden divino de la naturaleza y lo tachó de blasfemia.

Desde entonces, y hasta 100 años después, nadie lo volvió a mencionar; hasta que el biólogo vanguardista Charles Darwin estudió varias especies de Drosera, Utricularia, Pinguicula y Dionaea, definiéndolas como plantas insectívoras. Aquello fue una provocación intolerable según el clero, y al igual que con el resto de sus teorías, fue ridiculizado: se inventaron numerosas leyendas terroríficas sobre plantas y árboles que devoraban humanos, que aún hoy día están presentes en novelas, películas, comics...

En 1875, Darwin publicó su libro Insectivorous Plants. Hoy día se conocen alrededor de 600 especies carnívoras y cada año se van descubriendo más.